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Málaga no es solo una puerta de entrada a la Costa del Sol. Durante décadas fue subestimada como destino, reducida a un punto de tránsito hacia otros pueblos costeros. Pero desde los últimos años, la ciudad ha emprendido una transformación que la ha posicionado como un destino turístico completo y fascinante en sí mismo. En 2026, Málaga se presenta como el equilibrio perfecto entre el descanso en playa, la riqueza cultural y la gastronomía auténtica andaluza.
Con más de 325 días de sol al año y un litoral que abarca 160 kilómetros de costa, Málaga es el corazón de la Costa del Sol. Pero su verdadero valor turístico va mucho más allá del bronceado. Es una ciudad donde la historia está viva en sus piedras, donde el arte y la modernidad conviven sin conflictos, y donde el visitante puede pasar una mañana en un museo de clase mundial y una tarde buceando o en una terrazita con los pies en la arena.

La razón más obvia para visitar Málaga es su costa. La Playa de La Malagueta es el corazón playero de la ciudad: 1.200 metros de arena dorada, aguas tranquilas y la peculiar visión del puerto comercial de fondo. No es la playa más salvaje ni la más exclusiva, pero es la que captura el alma urbana de Málaga. Está animada, con chiringuitos donde probar los famosos espetos (sardinas asadas), bares de copas al atardecer y suficientes servicios como para que una familia entera pase el día sin preocupaciones.
Para quien busque más opciones, la Costa del Sol ofrece un abanico de playas con bandera azul que se extiende hacia el este y oeste. Hacia el este, playas más tranquilas como Torre del Mar o Nerja; hacia el oeste, el lujo y la sofisticación de Marbella y Puerto Banús. Pero el secreto del turista inteligente es quedarse en Málaga capital, a precio más accesible, y hacer excursiones de media jornada a las playas vecinas si quiere variedad.
Las aguas del Mediterráneo son cálidas, seguras para familias y, en varios puntos, óptimas para snorkel o buceo. Además, operadores turísticos ofertan cruceros al atardecer en catamarán con cava y música, una experiencia muy popular entre parejas.
Málaga es el lugar donde nació Pablo Picasso y, aunque el Museo Picasso es la joya de la corona, la oferta cultural no se reduce a un solo genio. El museo alberga más de 200 obras del artista, desde sus primeros trabajos hasta sus experimentaciones abstractas. Es imprescindible reservar entrada con antelación.
Pero además del Picasso, la ciudad ofrece un recorrido histórico completo. La Catedral de Málaga (apodada “La Manquita” porque le falta una torre) es un monumento renacentista imponente. La Alcazaba, fortaleza medieval morisco-cristiana, domina la ciudad desde el cerro, ofreciendo vistas panorámicas espectaculares e integrada en un recorrido arqueológico que incluye el Teatro Romano, testimonio de los tiempos en que Málaga era puerto importante del imperio.
Para el visitante que busca arte contemporáneo, está el Centre Pompidou Málaga, satélite del famoso museo parisino, con instalaciones de arte moderno en el puerto renovado. El proyecto de modernización del litoral (Muelle Uno) es, en sí mismo, un atractivo: paseos bien diseñados, gastronomía de calidad y vistas al puerto y las montañas.
La Calle Larios, eje peatonal del centro, es donde late el corazón comercial y social de Málaga. Paseando desde la Catedral hasta el puerto, el visitante experimenta la verdadera esencia de la ciudad: tiendas, cafeterías, gente local y turistas conviviendo sin la sensación de estar en un museo al aire libre.
La Plaza de la Merced es otro punto neurálgico, rodeada de tabernas, bares y restaurantes donde los malagueños se juntan a charlar. El Mercado de Atarazanas, mercado tradicional donde comprar frescos y comer tapas de pie, es una experiencia imprescindible para quien quiera sentir el pulso de la ciudad lejos de lo turístico.
Para relajarse, el Jardín Botánico La Concepción y el Parque de Málaga ofrecen espacios verdes para desconectar del bullicio. Además, los Baños Árabes Hammam Al Ándalus permiten sumergirse (literalmente) en la herencia mora de la región, con ceremonias de agua y masajes tradicionales.
Málaga come bien y de forma accesible. Los espetos (sardinas frescas asadas al carbón en la playa) son un clásico que cuesta menos de 10 euros. El pescadito (pescado frito a la andaluza) es omnipresente. Pero la ciudad también ofrece opciones más sofisticadas sin pretensiones de alta cocina: tabernas donde probar gazpachos, salmorejo (gazpacho más espeso), ensaladas de remolacha con bacalao, y siempre, siempre, vinos dulces malagueños o cervezas frescas.
El ambiente gastronómico es informal y social: come quien quiera rellenar el estómago por poco dinero, pero también quien busque una experiencia culinaria más pensada. Esto es lo que hace a Málaga diferente de destinos turísticos “de lista de compra”, donde cada experiencia es una transacción.
Además de playas y cultura, el turista puede vivir experiencias variadas. El Castillo de Gibralfaro, que corona la ciudad, ofrece vistas de 360 grados. Las Cuevas de Nerja (a unos 50 km) son formaciones geológicas espectaculares con visitas guiadas. Para familias, existen parques acuáticos como Aqualand Torremolinos y actividades al aire libre como el Caminito del Rey, una ruta de senderismo entre acantilados que desafía a los aventureros.

Málaga es un destino redondo. No promete montañas ni fiordos, pero ofrece exactamente lo que anuncia: sol seguro, playa accesible, patrimonio cultural de categoría mundial y autenticidad sin excesiva comercialización (todavía).
Su principal fortaleza es la diversidad de experiencias: se puede pasar una mañana en un museo de talla internacional, tarde en la playa, y noche en una taberna local comiendo espetos. Esto la hace atractiva para parejas románticas, familias, turistas culturales y mochileros con presupuesto.
Sus debilidades son pocas: en julio y agosto puede saturarse, especialmente en las playas urbanas. Y para quien busque totalmente “lejos de turistas”, en la ciudad capital eso es casi imposible.
Recomendación: Málaga merece un viaje de 3 a 5 días. Un día para explorar la ciudad, otro para playas y paseos marítimos, y los restantes para excursiones hacia pueblos blancos (Mijas, Frigiliana) o actividades deportivas.
En 2026, Málaga ha dejado de ser la puerta y se ha convertido en el destino.
Última actualización de este artículo en enero 9, 2026
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